Mirando al Sur: Manolo Giraldo
por Lola Rodríguez Fotos: Cruz Cantón

Este joven modisto de gran proyección nacional nos abre las puertas de su taller para hablarnos de los valores que guían sus pasos: humildad, constancia, trabajo y calidad artesanal más allá de tendencias y temporadas. Manolo Giraldo es símbolo de la pervivencia de la costura tradicional que incorpora la innovación a su buen hacer.

Manolo Giraldo, uno de los jóvenes modistos sevillanos con más proyección actual, abre las puertas de su taller para Surrealista. Un espacio donde vestidos, telas, fotografías y catálogos se distribuyen de forma agradable, sencilla, elegante y acogedor, como su anfitrión, que habla sin pretensiones de su costura, su historia y sus objetivos.
Giraldo, quien dispone de una nutrida clientela en Andalucía, Madrid, Barcelona y la zona de Levante, trabaja desde hace casi 20 años haciendo realidad las ilusiones de mujeres que le han hecho crecer a fuerza del boca a boca. Cada año, lanza una colección de costura, un pequeño muestrario de su creatividad, “porque las colecciones de costura, a diferencia del pret a porter, no son rentables, y yo trabajo en función de cada clienta”.
Este sevillano, que comenzó a coser siendo un niño y es un habitual de los desfiles Moda de Sevilla, Andalucía de Moda, o de las misiones comerciales de Extenda, la Agencia Andaluza de Comercio Exterior, reivindica su profesión, “yo soy modisto, ser sólo diseñador es muy fácil. Lo ideal es que exista una buena compenetración entre el diseñador y el costurero”. Él tiene muy claro cual es su papel en el mundo de la moda “los modistos pertenecemos al sector servicios, y estamos aquí, en un taller, para servir a las clientas porque ellas son las protagonistas y depositan en tí su confianza, vienen a ponerse en tus manos, y yo tengo que responderles y servirles. Yo soy un trabajador sin pretensiones. Y tengo la sensación de que eso se está perdiendo”. Y la misma devoción con la que trata a sus clientas es depositada en cada puntada, en cada pieza que elabora totalmente a mano, con resultados imposibles.
Manolo Giraldo se crió entre retales, tijeras y agujas: “mi madre cosía y yo me recuerdo de niño uniendo telas. Siempre me ha gustado. Después, comencé a estudiar tarde, con 19 años hice patronaje. A coser ya sabía desde hace tiempo, mi madre me enseñó”. Desde entonces, la andadura de Giraldo en el mundo de la moda ha sido lenta, pero segura. “Las claves son ser creativo y no domirte. No pensar que ya lo sabes todo y no perder la vocación de servidor que debemos tener los modistos. Yo creo que mis precios son muy asequibles, dentro de los costes y la exclusividad de cada pieza, entre otras cosas porque no me gusta cobrar una burrada por un vestido. Soy muy joven para eso. Cuando me convierta en un señor de la costura, no en un divo –de esos hay cuatro-, entonces ya veremos...”, comenta entre risas. “Mi objetivo es llegar a lo más alto, pero mayor, con 60 años, creo que esa es una edad muy buena para ser el mejor. ¿Si soy ambicioso? Sí, no creo que eso sea malo, pero soy consciente de que voy muy lento”.
De estilo clásico, pero siempre con un toque de juvenil modernidad, lo primero que hace Giraldo es “estudiar a la mujer, me interesa saber cómo quiere que le miren, qué le apetece llevar en esa ocasión especial. Yo las escucho, y por supuesto las aconsejo. Afortunadamente, ahora la gente viaja más, sabe más, ve más revistas... El punto clásico lo tienen porque Sevilla sigue siendo clásica, pero aceptan esas dosis de modernidad. Yo me inspiro en el lugar, en cómo va a ser la boda, en cómo te sientes, es la clienta la que me va pidiendo y yo llego hasta donde puedo llegar, porque hay unas limitaciones. En la pasarela no”. En este sentido, el modisto opina en torno al debate de la obsesión por la talla ideal y dice que “no existe tal obsesión, porque el país está engordando. Y ninguna de mis clientas adelgaza. Se habla de obsesión cuando llega la pasarela Cibeles, Miss España... Pero las modelos siempre han sido delgadas y yo, particularmente, las prefiero muy delgadas, porque no me gusta que limiten mi creatividad. La modelo debe mostrar el vestido tal y como yo quiero que lo muestre, y si he colocado un lazo enorme en la cintura, o un escote palabra de honor muy pronunciado, la modelo debe lucirlo bien. Otra cosa son las adaptaciones que, sobre ese vestido, puedo hacer para que a mis clientas les siente de forma adecuada y les favorezca”.
En cuanto a sus diseñadores predilectos “me gusta el hacer de siempre, la costura de Balenciaga. También me atrae mucho Lacroix, me gusta ese cambio de costura y tejidos; Valentino, al que considero un clásico atemporal; Chanel, que es la modernidad absoluta. De Armani me gusta su simplicidad...”. 

Las claves de su estilo:­­
- Clásico, con un toque juvenil de modernidad
- Vestidos románticos
- Trajes impecables
- Atención personalizada
- Creaciones exclusivas

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